Software para barberías

La mitad de tu día entra por la puerta sin avisar

Y la otra mitad está apalabrada quince minutos antes. Las dos tienen que caber en el mismo libro, en la misma silla y sin que nadie espere de pie junto al perchero. trimly es la agenda, la web de reservas y la caja de una barbería, pensadas alrededor de esa mezcla.

Sin tarjeta para empezar. Si cortas tú solo, el plan de un profesional no caduca; a partir del segundo barbero se pasa al plan de equipo.

Tres escenas de un sábado

Lo que rompe el día en una barbería casi nunca es tener demasiado trabajo. Es que el trabajo entra por dos puertas distintas y solo hay un libro. Estas tres escenas son las que más se repiten cuando un barbero cuenta por qué acabó apuntando las horas en un cuaderno y contestando citas por el móvil entre corte y corte.

  • Las cinco llegan mientras acabas un degradado

    Has cogido a uno sin cita a menos veinte porque la silla estaba libre y porque en un barrio no se manda a nadie a su casa. El corte se alarga, entra la conversación, y el de las cinco lleva seis minutos de pie mirando el reloj. Ninguno de los dos ha hecho nada mal: lo que falla es que la reserva y el que entró andando viven en sitios distintos. Cuando el que entra sin avisar se apunta en el mismo calendario y ocupa el hueco real, la web deja de ofrecer esa hora en el momento en que coges las tijeras, y el de las cinco no se encuentra la sorpresa.

  • El sábado es el día que paga y el día que se cae

    De lunes a jueves un hueco vacío se rellena solo con el primero que asome la cabeza. El sábado no. Es el día que sostiene la semana, se llena con dos semanas de antelación, y es justo el día en el que alguien se acuerda a las once de que tenía una comida. Un plantón de sábado a mediodía no es una hora perdida: es la hora más cara del mes. Puedes pedir una señal solo en los servicios y los días que tú elijas, avisar por SMS la víspera, y dejar que la lista de espera se coma el hueco en cuanto alguien cancele.

  • Fin de mes: tres sillas y tres tratos distintos

    Uno es autónomo y te paga el alquiler de la silla. Otro va a porcentaje sobre lo que factura. El tercero entró hace dos meses y todavía estáis viéndolo. Cuadrar eso con los tickets metidos en un cajón es media tarde de calculadora, y es la parte del oficio que no eligió nadie. Si cada cobro queda guardado con el barbero que lo hizo y con la forma de pago, el reparto del mes sale ya hecho, en un CSV que se abre en Excel o se manda al gestor tal cual, sin tener que reconstruir nada de memoria.

Qué hace por una barbería, en concreto

Los mismos servicios que ya vendes, con los tiempos que ya tardas y los precios que ya cobras, más una web donde el cliente elige barbero. Nada de lo que viene aquí es un extra que se contrate aparte.

  • Sin cita, en el mismo calendario

    Al que entra andando lo apuntas desde el móvil en el hueco que tienes ahora mismo, con su nombre y su teléfono. No es una lista aparte que luego hay que cuadrar: ocupa sitio en la agenda igual que una reserva, así que la web deja de ofrecer esa hora al instante y el corte cuenta en la caja del día como cualquier otro.

  • Cortes de quince, treinta y cuarenta y cinco

    La rejilla de horas va de cuarto en cuarto, que es como se reparte de verdad una silla. El arreglo de barba entra en quince minutos, el corte en treinta y el corte con barba en cuarenta y cinco, sin tener que inflar nada hasta la hora redonda para que el calendario cuadre.

  • Cada barbero con su precio y su duración

    Si el veterano hace en veinte minutos lo que a otro le lleva treinta, o cobra tres euros más por el mismo corte, se configura por profesional y no por servicio. La web calcula el hueco con la duración del barbero que el cliente ha elegido, nunca con una media que no es de nadie.

  • El enlace de cada barbero, para su Instagram

    Cada profesional tiene su propia página de reservas, con su nombre y su foto, y ese es el enlace que se pone en la bio. Las citas que entran por ahí llegan a su nombre en la agenda y en el informe del mes, así que se ve qué trae cada uno sin preguntarlo.

  • Señal solo donde te hace falta

    La señal se activa servicio a servicio, así que puedes pedirla en el corte con barba y no pedirla jamás en un arreglo entre semana. Quien no aparece la deja; quien viene la ve descontada del total al cerrar la visita, sin cuentas raras en el mostrador.

  • El reparto de cada silla, en CSV

    Cada cobro se guarda con el barbero que lo hizo y con la forma de pago, y el informe de comisiones del mes se descarga en CSV: una fila por servicio y el reparto calculado. Es algo que se puede enseñar cuando alguien pregunta de dónde sale su cifra.

  • La caja del día, cerrada desde el móvil

    Efectivo, tarjeta y Bizum se anotan al cerrar cada visita, y al terminar el día tienes el total y el desglose sin sumar papeles. Es lo mismo que ya haces en la libreta, con la diferencia de que en marzo el trimestre ya está sumado.

  • La ficha del cliente, delante de la silla

    El número dos en los lados, la raya al lado bueno, que no le pases la máquina por la nuca. Se escribe una vez en su ficha y aparece al abrir la cita, también cuando hoy le toca cortar a otro y el de siempre libra.

La carta con la que abres

Estos son los servicios que quedan puestos y activados cuando eliges barbería al dar de alta la cuenta, con los tiempos y los precios de referencia de una barbería de barrio en España. Si los tuyos son otros, se cambian en dos minutos.

  • Corte de pelo30 min · 18 €
  • Arreglo de barba15 min · 12 €
  • Corte + Barba45 min · 28 €
  • Afeitado clásico30 min · 15 €
  • Corte infantil20 min · 12 €
  • Padre + Hijo45 min · 28 €

Los precios que ves son los de la plantilla, no un tope ni una recomendación: el precio y la duración los decides tú, servicio a servicio y barbero a barbero.

En barbería el número que manda no es el precio del corte, es cuántos caben en la silla. Un servicio mal medido no te cuesta dinero en el ticket, te cuesta el hueco de después, y a las siete de la tarde ese hueco ya no vuelve. Por eso la carta viene con duraciones cortas y realistas en vez de la hora redonda que traen los programas pensados para otro sector.

El corte infantil y el «padre e hijo» están activados desde el principio porque son las dos citas que peor encajan cuando se improvisan: una es más corta de lo normal y descoloca la rejilla, y la otra es una sola visita larga que a mano se acaba apuntando como dos y luego se cobra mal.

El tinte y el tratamiento de barba vienen escritos pero apagados. Están ahí por si los vendes, y fuera de la carta si no: una barbería que enseña quince servicios y hace cuatro obliga a elegir a quien reserva por primera vez, y elegir es justo lo que hace que se cierre la pestaña.

Lo que todavía no hace

No hay cola de espera con tiempo estimado. Al que entra sin cita lo apuntas y ocupa el primer hueco libre, pero nadie verá en la puerta un «faltan veinte minutos» que se actualice solo mientras espera. Si tu barbería vive de la cola en la acera un sábado por la mañana, esto conviene saberlo antes de abrir cuenta y no en la segunda semana.

Tampoco hay un margen automático entre citas. La agenda encadena la siguiente justo cuando acaba la anterior, así que el minuto de barrer, cobrar y volver a llenar la máquina lo tienes que meter tú dentro de la duración del servicio. Es de las cosas que más nos piden y está en la lista; hoy la manera de resolverlo es apuntar treinta y cinco minutos donde cortas en treinta.

Míralo funcionando antes de abrir cuenta

Hay una barbería de ejemplo publicada, con sus barberos, su carta y sus horarios reales de apertura. Se puede reservar en ella exactamente como lo haría un cliente tuyo: elegir servicio, elegir barbero, elegir hora y ver la confirmación. No hace falta registrarse para entrar.

Abrir la barbería de ejemplo (se abre en una pestaña nueva)

Qué cuesta llevar la barbería aquí

Si cortas tú solo, el plan de un profesional no caduca y no pide tarjeta. En cuanto entra el segundo barbero pasas al plan de equipo, que es una cuota fija al mes por toda la barbería: no se lleva un porcentaje de cada corte ni cobra por cita reservada, de modo que un sábado bueno no te sale más caro que un martes flojo.

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Lo que preguntan los barberos

¿Puedo seguir cogiendo gente sin cita?
Sí, y no como excepción: es la mitad del negocio. Desde la agenda añades la visita en el hueco que tienes ahora, con nombre y teléfono, y la web deja de ofrecer esa hora al momento. Al cerrarla se cobra igual que una reservada y cuenta igual en la caja del día y en el informe del barbero que la hizo. Lo que no vas a tener es un número de turno en una pantalla.
¿Mis clientes tienen que descargarse una aplicación?
No. Tu barbería tiene su propia página de reservas, que se abre en el navegador del móvil como cualquier web. Quien coge hora escribe su nombre y su número y ya está: no hay descarga, no hay contraseña y no hay que crear ninguna cuenta. Para el cliente cuesta lo mismo que mandarte un mensaje, con la diferencia de que tú no tienes que contestarlo con las manos ocupadas.
¿Qué hago con las citas que ya tengo apuntadas en el cuaderno?
Se pasan a mano y se tarda menos de lo que parece, porque solo importan las de las dos próximas semanas: las de más allá casi siempre se acaban moviendo. Los clientes no hace falta pasarlos de golpe. La ficha se crea sola la primera vez que cada uno reserva o entra por la puerta, así que en un mes normal tienes dentro a los que de verdad vuelven.
¿Cómo le recuerdo a un cliente que tiene hora mañana?
Con un SMS automático la víspera, con la hora y el nombre del barbero. Va por SMS a propósito: llega a cualquier móvil sin que el cliente tenga que aceptar nada antes. Y en la otra dirección, si tú o tu equipo activáis el aviso en el móvil, os salta una notificación en cuanto entra una cita nueva o alguien cancela, sin tener que mirar la agenda cada media hora.
¿Y si un barbero se va y se quiere llevar a su gente?
Los clientes son de la barbería, no del programa ni del que se marcha. Puedes descargarte tu lista de clientes en cualquier momento y llevártela donde quieras. Desactivar a un profesional no borra sus citas pasadas ni el historial de sus clientes: su enlace personal deja de funcionar y sus horas quedan libres para repartirlas entre el resto del equipo.

Para quién no es

Si lo que buscas es un portal que te traiga clientes nuevos a cambio de una comisión por cita, este no es el sitio: aquí quien reserva llega por tu Instagram, por tu ficha de Google o por la puerta, y la web es tuya. Y si llevas tres locales y quieres verlos todos en una sola pantalla, tampoco: hoy cada local es una cuenta con su propia agenda.

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