Software para centros de uñas

Tu agenda no cuenta citas, cuenta semanas

Un gel que no se rellena a las tres semanas deja de ser un relleno y se convierte en una retirada más un set nuevo: el doble de silla por el mismo nombre en la lista. Todo lo demás —lo que cobras, lo que tardas, lo que te queda en el cajón— cuelga de esa cuenta atrás.

Sin tarjeta para empezar. Si trabajas sola, el plan de una profesional no caduca; cuando entra la segunda técnica se pasa al plan de equipo.

Tres cosas que decides cada semana

Un estudio de uñas no se organiza por horas sueltas, se organiza por ciclos. Cada clienta tiene su reloj propio, y ese reloj no está escrito en ninguna parte salvo en la cabeza de quien la atiende. De ahí salen las tres decisiones que más dinero mueven, y ninguna se parece a las de un negocio donde la clienta viene cuando le apetece.

  • Si se va sin la próxima puesta, vuelve dentro de seis semanas

    Nadie lo dice en voz alta, pero el relleno se pierde en el momento en el que la clienta sale por la puerta sin fecha. A las tres semanas nadie se acuerda; a las cinco ya está mirando fotos en Instagram; a las seis vuelve, y lo que vuelve no es un relleno de hora y media, es una retirada larga y un set desde cero. La cita siguiente se cierra en la silla o no se cierra, y esa es una decisión de agenda antes que de marketing.

  • «Manicura» son quince minutos o son cincuenta

    Sobre una uña natural es una cosa. Sobre un acrílico que puso otra el mes pasado, con el borde levantado y tres capas encima, es otra completamente distinta, y lo descubres cuando la clienta ya está sentada delante. Si tu lista pública tiene una sola línea llamada «manicura» con un precio y un tiempo, la mitad de las veces la agenda te está mintiendo, y la que paga el retraso es la clienta de después.

  • El cajón se come el margen del set de treinta y cinco euros

    Gel, tips, limas, algodón, acetona, el color que solo usa una clienta y que se seca en el estante. En el ticket se ve lo que entró; lo que salió del cajón no se ve en ningún sitio hasta que hay que reponer y el pedido es mayor de lo que esperabas. En un negocio donde el servicio caro cuesta menos que una cena para dos, ese descuadre es la diferencia entre un mes bueno y un mes normal.

Qué hace por un estudio de uñas

La agenda, la web con tu marca y la caja funcionan como en cualquier negocio de cita previa. Lo que viene ahora existe porque aquí el trabajo se vende por ciclos y se compra con los ojos.

  • La retirada, como una línea que se reserva

    Está en la carta desde el primer día, con su tiempo y su precio, y se puede marcar junto al servicio principal en la misma reserva. Deja de ser un favor que se hace gratis mientras la agenda se descuadra y pasa a ser lo que es: media hora de trabajo que alguien tiene que pagar.

  • Cada técnica con su tiempo real

    El mismo relleno puede llevar noventa minutos o setenta según quién lo haga. Se ajusta por persona y por servicio, y la web calcula el hueco con los minutos de la técnica que la clienta ha elegido, así que quien va más rápida no se queda con huecos muertos entre citas.

  • Bonos de sesiones que se descuentan solos

    Vendes cuatro rellenos por adelantado y el saldo baja una sesión cada vez que cierras la visita, con la cuenta hecha delante de la clienta. En su ficha se ve cuántas le quedan, y el sistema no deja descontar de un bono que ya está a cero.

  • La próxima cita, antes de levantarse

    Cuando cierras la visita puedes dejar puesta la siguiente en el mismo gesto, que es el único momento del mes en el que la clienta está delante, mirándose las manos y de buen humor. Si el día que quiere está lleno, entra en la lista de espera y se le avisa si se cae algo.

  • Las fotos del trabajo, con permiso

    Cada visita admite fotos. Se guardan como material interno por defecto y solo salen a la galería de tu web o a tus redes si la clienta lo ha autorizado. Es la manera de tener un portafolio que crece solo sin acabar publicando la mano de alguien que no dijo que sí.

  • La ficha: alergias, forma y manías

    Que le levanta el meñique, que la almendra no, que es alérgica a un adhesivo concreto, que trabaja con las manos. Se escribe una vez, va con su teléfono y se abre desde la cita, también cuando la atiende otra compañera.

  • Señal en los servicios largos

    Un set completo son dos horas de silla. Puedes pedir señal solo en esos y no pedirla en una manicura corta; se cobra con tarjeta al reservar y se descuenta del total al cerrar. Quien no viene deja la señal y la tarde no se pierde del todo.

  • Tu web con la tarifa arriba del todo

    El diseño con el que abre un centro de uñas pone la carta y los precios por encima de las fotos, porque es lo primero que se busca. Sale sobre fondo claro, con tu color, y funciona el primer día aunque todavía no tengas ni una foto propia.

La carta con la que abres

Al elegir centro de uñas en el alta, estos servicios quedan escritos y encendidos, con los tiempos y los precios de referencia de un estudio en España. Están pensados para que se pueda publicar tal cual el primer día y afinarlos después con calma.

  • Manicura semipermanente60 min · 25 €
  • Relleno de uñas (acrílico o gel)90 min · 35 €
  • Manicura clásica45 min · 16 €
  • Extensión de uñas (acrílico o gel)120 min · 45 €
  • Pedicura semipermanente90 min · 35 €
  • Retirada de semipermanente30 min · 10 €

Los importes vienen de la plantilla, no son un tope ni una recomendación: el precio y la duración se cambian servicio a servicio, y además se pueden afinar por técnica.

La retirada aparece encendida a propósito, y es la fila que casi ningún estudio publica. Mientras no está en la carta, la conversación incómoda ocurre siempre en la silla y siempre en el peor momento; en cuanto está escrita con su precio y su media hora, la clienta que viene de otro sitio ya sabe a qué atenerse antes de reservar.

El relleno y la extensión son dos citas distintas con precios distintos, y juntarlas en una sola línea es el error clásico al montar la lista. Uno es mantenimiento cada tres o cuatro semanas; el otro es el primer set, cuesta más y ocupa el doble de silla. Si comparten fila, la agenda reserva mal la mitad de las veces.

La pedicura semipermanente lleva noventa minutos y no es una errata: es retirada, limado, cutícula, color y lámpara, con los pies en una posición en la que nadie va más rápido por quererlo. Ponerle sesenta para que quepan más citas es la forma más segura de ir con retraso desde la segunda de la mañana.

Lo que todavía no hace

No hay un aviso automático de mantenimiento. Nada le va a escribir a la clienta a las tres semanas para decirle que le toca relleno, porque no existe un motor de campañas por fecha y preferimos no venderte uno que no está. Lo que sí existe es dejar la cita puesta antes de que se levante, la lista de espera y el cumpleaños en su ficha; el resto, hoy, lo pones tú desde tu propio teléfono.

El control de material va por unidades enteras, no por mililitros. Un bote de gel de doscientos cincuenta mililitros del que gastas quince por servicio no se puede descontar en fracciones: o lo llevas por botes, o das de alta la dosis como un producto aparte y la cuentas así. Para limas, tips y algodón encaja bien; para líquidos es una vuelta más de la que nos gustaría.

Un centro de uñas de ejemplo

Hay un estudio publicado como ejemplo, con su carta, sus técnicas y sus horarios, montado sobre el diseño claro que traen estos negocios por defecto. Puedes reservar en él como lo haría una clienta tuya y ver cómo se lee la tarifa desde un móvil. No hace falta registrarse.

Abrir el centro de ejemplo (se abre en una pestaña nueva)

Qué cuesta llevar el centro aquí

El plan sin coste es de una sola profesional y no va a dejar de serlo, así que un centro con dos técnicas está en el plan de equipo desde el principio. Ese plan es una cuota fija al mes por todo el centro, con las personas que hagan falta: no se lleva un porcentaje de cada set ni cobra por cita, así que una semana antes de las fiestas no te sale más cara que una de febrero.

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Lo que se pregunta en un estudio

¿Cómo cobro una retirada que no sabía que tenía que hacer?
La retirada está en tu carta como un servicio más, con su precio y su duración, así que al cerrar la visita la añades y sale en el total con su línea propia. Si te pasa a menudo con clientas nuevas, lo que suele funcionar es dejarla marcada como obligatoria en el propio texto del servicio principal, para que quien reserva por primera vez venga sabiendo que su acrílico de otro sitio se cobra aparte.
¿Puedo vender bonos de varias sesiones?
Sí. Defines el bono sobre un servicio concreto y con el número de sesiones que quieras, y opcionalmente con caducidad. La clienta lo paga una vez y a partir de ahí cada visita cerrada le descuenta una sesión automáticamente, con el saldo visible en su ficha. Los cobros del bono entran en la caja el día que se vende, que es cuando el dinero entra de verdad en el negocio.
¿Puedo publicar en mi web las fotos de los trabajos?
Sí, y solo las que estén autorizadas. Las fotos que subes a una visita nacen privadas: son tu archivo interno para acordarte de lo que hiciste. Publicar una en tu galería es un paso aparte que requiere el permiso de la clienta, y ese permiso queda registrado. Así el portafolio crece con lo que has hecho de verdad y no con lo que alguien no llegó a autorizar.
¿Se puede reservar con una técnica concreta?
Sí, y es lo normal en este oficio: la clienta elige a quien le hizo las uñas la última vez. Cada profesional tiene además su propia página de reservas para poner en la bio de Instagram, así que las clientas que llegan por su trabajo entran directamente a su calendario. En el informe del mes se ve qué ha hecho cada una.
¿Y si trabajo sola y desde casa?
Funciona igual. Tienes tu página de reservas con tu nombre y tu dominio si lo quieres, la agenda en el móvil y la caja del día; y como eres una sola profesional, el plan sin coste te vale sin fecha de caducidad. Lo único que cambia respecto de un local es que la dirección la enseñas o no la enseñas: puedes publicar la web sin dirección y dar la ubicación al confirmar.

Para quién no es

Si lo que quieres es aparecer en un escaparate donde la gente busca «uñas cerca de mí» y pagar una comisión por cada clienta nueva, esto no es eso: aquí la web es tuya y el tráfico lo traes tú. Y si tu negocio es sobre todo formación —cursos, alumnas, certificados— tampoco encaja: esto gestiona citas y caja, no matrículas.

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