Software para peluquerías
Tu agenda no es una lista de horas: es un horario de químicas
Un color ocupa el sillón dos horas y tus manos cuarenta minutos. Un corte de caballero cabe en media. Y la misma clienta puede pedirte lavado, color y tratamiento en una sola visita, al precio que le corresponda por su melena. Un programa que solo entiende «una cita, un servicio, un precio» te obliga a mentirle a tu propio calendario.
Sin tarjeta para empezar. La cuota del plan de equipo es por salón: no cobra por sillón ni por cita reservada.
Tres cosas que solo pasan en un salón
Ninguna tiene que ver con estar llena. Tienen que ver con que en peluquería el tiempo, la información y el material se comportan de manera distinta a como se comportan en cualquier otro negocio de cita previa, y con que la mayoría de los programas de agenda se escribieron sin mirar eso.
Dos horas de sillón, cuarenta minutos de manos
Si apuntas el color como un bloque macizo de dos horas, la mañana se te queda en tres clientas y con el salón medio vacío. Si lo apuntas por los cuarenta minutos que estás encima, el calendario te deja meter a otra a la misma hora y a las doce tienes dos cabezas y un solo par de manos. La verdad está en medio y no cabe en un solo número, así que acaba viviendo en la cabeza de quien monta la agenda, que es exactamente el sitio donde no puede consultarla nadie más.
La fórmula está en una cartulina dentro de un cajón
«Seis punto treinta y cuatro con veinte volúmenes, treinta y cinco minutos» y «prueba de sensibilidad hecha en marzo» son los dos datos que deciden si la clienta sale contenta o sale con la raíz de otro tono. Hoy suelen estar escritos a mano en una ficha de cartón, o directamente en la memoria de la persona que se la hizo la última vez. El día que esa persona libra, tiene gripe o cambia de salón, la información se va con ella y hay que volver a empezar preguntando por lo que ya se sabía.
Sabes lo que cobraste, no lo que costó
El ticket del color dice cuarenta y cinco euros. Lo que no dice ninguna parte es cuánto tinte, cuánta agua oxigenada y cuánto producto de tratamiento se han ido en esa cabeza, ni cuánto queda en el armario del fondo. El margen del salón se decide ahí y casi nadie lo mira hasta que el proveedor pasa a cobrar y el número no cuadra con lo que parecía un buen mes.
Qué hace por un salón, en concreto
La agenda, la web de reservas con tu marca y la caja del día son las mismas que usa cualquier negocio de cita previa. Lo que sigue es lo que se comporta distinto porque el trabajo es color.
Lavado, corte y color en una sola visita
La clienta marca varios servicios y el sistema los reserva como una sola cita, sumando los tiempos y los precios de cada línea. En la agenda es un bloque, no tres apuntes seguidos que alguien tiene que recordar que van juntos, y al cobrar sale un único total con su desglose.
Tarifa por largo, publicada como una tabla
Escribes tus servicios como «Tinte completo — Corto», «— Medio», «— Largo», y tu web los agrupa sola en una tabla de dos ejes: el servicio en las filas, el largo en las columnas, y en cada casilla el precio y los minutos reales. Cada casilla es un servicio que se puede reservar, no una estimación.
Precio y minutos por profesional
La misma mecha no cuesta lo mismo ni tarda lo mismo con la dueña que con quien lleva un año. Se ajusta por persona y por servicio, con tres niveles si los usas, y la web calcula el hueco con los minutos de quien la clienta ha elegido.
La fórmula, en la ficha de la clienta
Cada clienta tiene una ficha de texto libre que vive con su teléfono, no con la cita: la fórmula, el tiempo de exposición, la fecha de la prueba de sensibilidad, que se le irrita el cuero cabelludo. Se abre desde la cita, así que está delante de quien trabaja, y no se ve nunca desde la parte pública de tu web.
El tinte sale del almacén al cerrar
Puedes decir qué producto y cuánto consume cada servicio. Al cerrar la visita, esa cantidad se descuenta sola del almacén con su coste, y queda anotada en un histórico que no se puede reescribir. Deja de ser una intuición sobre lo que queda en el armario y pasa a ser un número.
La siguiente cita, antes de que se levante
La raíz vuelve a los seis u ocho semanas y esa fecha se puede calcular. Al cerrar la visita dejas la próxima puesta en el mismo gesto, que es el único momento en el que la clienta está delante, con el espejo bien y sin prisa. Si no queda hueco, entra en la lista de espera del día que quería.
Bonos de sesiones y tarjetas regalo
Un tratamiento vendido como cinco sesiones se descuenta solo al cerrar cada visita, y en la ficha se ve cuántas quedan. Las tarjetas regalo funcionan igual, con su saldo, que es lo que más se vende en diciembre y lo que peor se controla en una libreta.
Reseñas sin tener que pedirlas en voz alta
Después de la visita sale un correo pidiendo opinión, y quien puntúa alto recibe el empujón hacia tu ficha de Google. Pedirlo mirando a los ojos mientras cobras es incómodo para las dos partes; hacerlo dos horas después no lo es.
La carta con la que abres
Al elegir peluquería en el alta, estos servicios quedan escritos y encendidos, con las duraciones y los precios de referencia de un salón de barrio en España. Es una carta completa y publicable el primer día; cámbiala entera si tus números son otros.
- Corte de mujer45 min · 28 €
- Tinte en raíz60 min · 35 €
- Mechas balayage180 min · 95 €
- Corte de caballero30 min · 18 €
- Tinte completo90 min · 45 €
- Lavar y peinar30 min · 20 €
- Corte infantil30 min · 12 €
Los importes son los de la plantilla, no un mínimo ni un consejo. Cada servicio admite su propio precio y su propia duración, y ambos se pueden afinar además por profesional.
Cuatro de cada cinco tarifas de peluquería en España se mueven con el largo del pelo, y esa es la razón de que un único precio por servicio se quede corto aquí y no en otros oficios. La forma de resolverlo es escribir el servicio con su rung al final —corto, medio, largo, extra largo— y dejar que tu web los junte en una tabla; por dentro siguen siendo servicios normales, reservables uno a uno.
El balayage viene con tres horas puestas y ese número asusta hasta que se piensa: son decoloración, tiempo de acción, matiz, lavado y secado. Es tiempo de sillón, no de manos. Ponerle noventa minutos para que la agenda parezca más ágil es lo que hace que a media tarde vayas con una hora de retraso y sin saber en qué momento la perdiste.
El corte de caballero está en la carta y separado del corte de mujer aunque cuesten parecido, porque quien entra buscando uno no busca el otro y porque leídos seguidos en una lista se confunden. La misma lógica vale para el corte infantil: es más corto, se cobra menos y descoloca la mañana si se apunta como si fuera un adulto.
Lo que todavía no hace
Reserva el sillón entero. No existe un modo de trabajo en el que el programa te devuelva los treinta y cinco minutos de acción del tinte para colocar ahí otra cabeza: si tú lo haces así, tendrás que encajarlo tú a mano en la agenda, porque el sistema no te lo va a proponer ni te va a avisar de que ese hueco existe. Es una diferencia de fondo con algún programa internacional y preferimos decirla antes que dejarla para la segunda semana.
Cada visita pertenece a una sola profesional. Si en tu salón el color lo aplica una persona y el secado lo hace otra, la cita queda a nombre de una de las dos y el reparto lo acordáis fuera del programa. Y sobre la prueba de sensibilidad: se apunta en la ficha como texto y se consulta desde la cita, pero nadie te va a avisar de que ha caducado ni hay un campo con fecha que bloquee la reserva.
Un salón de ejemplo, con la tarifa montada
Hay una peluquería publicada como ejemplo, con su tarifa por largos, su equipo y sus horarios. Puedes reservar en ella igual que lo haría una clienta tuya y ver en qué se convierte una tarifa de dos ejes cuando la mira alguien desde el móvil. No hay que registrarse para entrar.
Qué cuesta llevar el salón aquí
El plan sin coste es de una sola profesional y va a seguir siendo de una sola, así que un salón con dos manos está en el plan de equipo desde el primer día. Ese plan es una cuota fija al mes por todo el salón, con las personas que quieras dentro: no se lleva un porcentaje del color, no cobra por cita reservada y no sube porque tengas una buena semana antes de las fiestas.
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Lo que preguntan en los salones
¿Puedo poner precios distintos según el largo del pelo?
¿Puedo cobrar una señal en una cita de tres horas?
¿Dónde queda apuntada la fórmula de cada clienta?
¿De verdad puedo llevar el stock de tinte con esto?
¿Mis clientas van a saber usarlo?
Para quién no es
No es un portal de belleza que te mande clientas desconocidas a cambio de una comisión: aquí la web es tuya y quien reserva llega por tu Instagram, tu Google o tu escaparate. Tampoco es un programa de gestión clínica: si lo tuyo es medicina estética con historia clínica y consentimientos informados, necesitas otra cosa y no queremos venderte esta.
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