Un sábado de Karim, barbero en Badalona
Karim · Karim, 34, barbero en Badalona. Una silla, un local de 25 metros y unas quince cabezas al día. Personaje compuesto.
Personaje compuesto a partir de negocios reales que usan trimly; no es un cliente concreto. · 5 min de lectura
Karim abrió hace tres años en una calle de barrio. Media clientela entra andando; la otra media le escribía por Instagram, y él contestaba de noche. Lleva la agenda desde el móvil, con el panel en francés porque es el idioma en el que piensa, y el enlace de reservas en la bio y en la ficha de Google. La web la publicó en español, catalán, francés y árabe, porque así hablan sus clientes. Esto es un sábado cualquiera, hora a hora.
Café y «Hoy» antes de subir la persiana
Abre trimly en el móvil. «Hoy» es una columna con el día: nueve citas, tres de ellas entraron anoche mientras dormía, cada una con su notificación esperando en la pantalla de bloqueo. Dos huecos a media mañana y uno a las cinco. No ha contestado ningún mensaje: las tres reservas llegaron desde la web, con su WhatsApp de confirmación ya enviado, y el recordatorio de hoy salió ayer por la tarde a todos los que tenían hora.

El primero sin cita
Un vecino asoma la cabeza: «¿me coges ahora?». Karim toca «Nueva entrada», escribe el nombre, elige corte y la hora de ahora, y confirma. La visita ocupa 30 minutos en la columna y la web deja de ofrecer las 09:30 en ese mismo momento. Si el vecino ya había venido antes, el buscador lo encuentra por el nombre o por el teléfono y no se crea una ficha repetida.

La entrada sin cita cuenta igual que una reserva: en la caja del día, en la ficha del cliente y en «Rendimiento», donde aparece como visita de puerta.
Una reserva entra sola, con las tijeras en la mano
Vibra el móvil: Hugo ha reservado corte y barba para las 17:00 desde el enlace de Instagram. Hugo ha elegido el servicio, ha visto los huecos de verdad, ha puesto su nombre y su número, y le ha llegado un WhatsApp con la hora y la dirección. En su ficha ya aparece esta visita debajo de la del mes pasado. Karim sigue cortando. No ha escrito nada y no lo va a escribir.

El de las once y media no ha venido
Lleva veinte minutos sin aparecer y no contesta. Karim abre la cita y toca «No vino». La visita se cierra sin cobro y en la ficha del cliente queda un plantón más. Si hubiera tocado «Cancelar» en el recordatorio de ayer, el hueco habría vuelto a la web y la lista de espera habría avisado a quien lo pidió. Karim tiene puesta la regla de señal a partir de dos plantones: la próxima vez que ese número reserve por internet, la web le pedirá una señal antes de darle la hora.
La regla está en «Configuración» → «Reglas de reserva»: exigir señal a partir de un número de plantones. Hace falta tener los pagos por internet activados en «Pagos y fianzas».
Cobrar antes de que se levante de la silla
Tres visitas cerradas seguidas. Cada una pasa a «Por cerrar» cuando acaba su hora; Karim toca «Cobrar», elige efectivo o Bizum, y en una de ellas añade la cera que se lleva el cliente desde la misma pantalla. Son tres toques por visita, y la caja va sumando sola. El que paga con Bizum enseña la pantalla del móvil, como siempre; la diferencia es que ahora queda apuntado como Bizum y no como «efectivo, más o menos».

Si un cliente pide justificante de pago, sale de la misma visita; la factura con todos los datos, también.
Comer con el móvil boca abajo
Antes, la hora de comer era para contestar y para subir una historia con «huecos esta tarde». Hoy el enlace contesta solo y la bio ya enseña el hueco. Karim mira «Hoy» una vez: el de las cinco sigue libre, y lo deja estar. Si alguien lo quiere, lo encontrará en la web; si nadie lo quiere, será media hora de descanso.
Un habitual llama en vez de reservar
Ahmed, cliente de toda la vida, llama para el martes a las seis. Karim lo apunta desde la agenda en el martes y deja encendido «Avisar al cliente»: a Ahmed le llega el mismo WhatsApp de confirmación que si hubiera reservado él, y la víspera el recordatorio. Si Ahmed no quisiera mensajes, el interruptor se apaga y la cita se apunta igual. Es la diferencia entre una hora en una libreta y una cita.

La reseña se pide sola
Hugo pagó a las 17:40. Un par de horas después le llega un WhatsApp corto con el enlace a la ficha de Google de la barbería. Karim nunca se acordaba de pedirlo en persona; ahora se pide a todo el que paga, y solo a quien paga: ni al que no vino ni al que todavía está en la silla. Las reseñas que llegan por la web se ven en «Reseñas» y se publican cuando él las aprueba.

Persiana abajo y «Caja de hoy»
«Por cerrar» está vacío: catorce visitas cerradas y un plantón. «Caja de hoy» separa efectivo, tarjeta y Bizum, y lo que ha salido en productos. Nueve de las catorce entraron por la web; cinco, por la puerta. Karim cuenta el cajón una vez, para comprobar, no para saber.

En el metro, la semana entera
Abre «Rendimiento». Reservado frente a cobrado, cuántas citas entraron por la web y cuántas por la puerta, de dónde vinieron los nuevos (Instagram, Google) y qué habituales llevan más semanas de lo normal sin venir. A dos de ellos les escribe desde su ficha, por WhatsApp, con sus palabras: «hace tiempo que no te veo, ¿te apunto el jueves?». Es el mensaje que sí merece la pena escribir.

Y el resto de la semana
Entre semana el día es más corto y la columna más tranquila, pero el gesto es el mismo: «Hoy» por la mañana, «Nueva entrada» para el que entra, «Cobrar» al acabar. El lunes mira «Rendimiento» de la semana anterior. Cuando se va una semana en agosto, bloquea los días en la agenda y la web no ofrece nada hasta que vuelve. Una vez al mes, cuando el saldo de WhatsApp avisa, compra un paquete de 100 créditos por 7,99 €. Cuando trimly saca algo nuevo, lo lee en «Novedades», dentro del panel, en dos líneas. El libro de clientes crece solo con cada visita, y en «Clientes» ve a quién hace tiempo que no corta y cuántas veces ha fallado cada uno.
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