Un viernes de Sonia, con Marta en el sillón y Ana en la mesa de uñas
Sonia · Sonia, 44, dueña de una peluquería con una estilista y una técnica de uñas en Castelldefels. Personaje compuesto.
Personaje compuesto a partir de negocios reales que usan trimly; no es un cliente concreto. · 5 min de lectura
Sonia y Marta llevan el pelo; Ana, autónoma, alquila la mesa de uñas del fondo desde hace un año. Hasta hace poco eran dos agendas, dos teléfonos y un «espera, que le pregunto», y a fin de mes una hoja con lo de Ana separado a mano. Así es un viernes con trimly, de la persiana a la caja. Las pantallas son de un salón de ejemplo con tres profesionales; la gente y las horas son inventadas.
Tres columnas y dos marcas
Sonia abre «Hoy»: su columna, la de Marta y la de Ana. A las 10:00, en la de Marta, un tinte en raíz con la marca «1 de 2»; a las 11:30, en la de Ana, una manicura semipermanente con «2 de 2». Es la misma clienta, Rocío, y lo reservó el lunes por la noche como una sola visita.

Lo que vio Rocío antes de confirmar
Sonia abre la cita y repasa cómo entró. Rocío marcó en la web tinte en raíz y manicura semipermanente. Como nadie del salón hace las dos cosas, la página le preguntó con quién, y eligió a Marta y a Ana. Solo vio horas en las que cabía la visita entera. Antes de confirmar, el recorrido: Marta a las 10:00, Ana a las 11:30, con media hora de espera entre una y otra, y un solo total.

Un WhatsApp, no dos
Rocío recibió el lunes una sola confirmación con las dos paradas, cada una con su hora y su profesional, y ayer a las 10:00 un solo recordatorio con los botones de cambiar o cancelar. Un crédito por visita, no uno por profesional; con dos agendas, le habrían llegado dos mensajes de dos números. Entra, se sienta con Marta, y Ana sigue con la clienta que tiene.

El color se alarga diez minutos
Marta va tarde. Ana lo ve en «Hoy», en su propio móvil: la parada «1 de 2» de Rocío sigue abierta en la columna de Marta, y la suya, «2 de 2», espera detrás. No hay llamada ni grito desde el fondo: Ana termina de recoger la mesa, cambia la lámpara y espera. Antes, con dos agendas, se habría enterado cuando Rocío no apareciera a y media. A las 11:35 Rocío se sienta en la mesa de uñas.
Marta cierra su parada
Marta abre «Por cerrar» y cobra el tinte en raíz: tarjeta. El cobro queda a su nombre. Rocío paga el color ahora y las uñas cuando Ana termine; el precio que vio al reservar era la suma de las dos. Nadie le pide que espere a acabar todo para pagar.

«¿Y me puedes hacer las uñas también?»
Entra una clienta sin cita para un corte con Sonia. Mientras se sienta, lo de siempre: «¿y uñas después?». Sonia abre «Nueva entrada», corte de mujer con ella a las 12:15, y toca «+ Añadir servicio con otro profesional»: manicura semipermanente con Ana, que el programa coloca a las 13:00, la primera hora libre de Ana después del corte. Un ticket, dos columnas.

Ana cobra lo suyo
Ana termina las uñas de Rocío, abre «Por cerrar» en su móvil y cobra su parada: Bizum, con una propina que queda apuntada aparte. Lo de Ana, a nombre de Ana. Rocío ha pagado dos veces en el salón, el color y las uñas, y la suma es el precio que vio al reservar; si Sonia hubiera pedido señal, la habría pagado una sola vez, sumada, al reservar. Dos horas después, Rocío recibirá el WhatsApp que pide la reseña, con el enlace a la ficha de Google del salón.
Nadie puede reservar un corte con Ana
Una clienta nueva, desde la web, marca corte y uñas y elige «Cualquier profesional» para los dos. El corte cae en Sonia o en Marta; las uñas, en Ana. Nunca al revés, porque en «Servicios» → «Por profesional» Ana solo está marcada en las uñas, con sus precios, y Sonia y Marta solo en el pelo. Sonia lo dejó así el día que la invitó desde «Equipo», y desde entonces no ha habido un corte reservado en la mesa de uñas. Si algún día Ana ofrece también peinados, es una casilla más.

Una visita que se cancela entera
A una clienta de mañana, color con Marta y uñas con Ana, le ha surgido un viaje. Toca «Cancelar» en su WhatsApp: se liberan las dos paradas a la vez, en las dos columnas, y como faltan más de 24 horas, la señal que pagó por las dos se le devuelve completa. A Sonia le llega un aviso; no tiene que avisar a Ana.

«Caja de hoy», con lo de Ana aparte
Sonia cierra con «Caja de hoy»: el total por efectivo, tarjeta y Bizum, y debajo lo de cada una. Lo de Ana es lo de Ana desde el primer euro; no hay que separarlo de ningún cajón. A fin de mes, el CSV de comisiones trae su línea con la forma de pago de cada cobro, y la liquidación de la mesa se hace en cinco minutos.

Y el resto de la semana
Ana no viene los lunes: ese día su columna no existe en la web, porque en «Horarios» tiene de martes a sábado, y lo que apunta en su Google Calendar le bloquea la mesa. Sonia pide señal en el color y en la extensión de uñas; en una visita con las dos, se suma y se cobra de una vez al reservar, y si la clienta cancela en plazo, vuelve entera. Los viernes, «Rendimiento»: lo reservado contra lo cobrado, de dónde vinieron las clientas y la ocupación de cada columna, la mesa de uñas incluida. El día 1, el CSV de comisiones con la línea de Ana, que es lo que se le liquida por la mesa, sin discusión. Y el saldo de mensajes, que con una visita de dos paradas gasta un crédito, no dos; cuando baja, el programa avisa y Sonia compra un paquete.
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