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Un día en la sala de Iryna

Iryna · Iryna, 38, masajista en Torrevieja. Personaje compuesto.

Personaje compuesto a partir de negocios reales que usan trimly; no es un cliente concreto. · 5 min de lectura

Iryna tiene una sala alquilada en un bajo, una camilla y una clientela que se parte en tres: los del barrio, que escriben en español; los que vinieron de Ucrania después de 2022, que escriben en ucraniano o en ruso; y los británicos de la urbanización de al lado, que escriben en inglés y reservan con tres días de margen. Da seis sesiones al día como mucho. Esto es un jueves de octubre.

  1. El día, antes del café

    Abre «Hoy» en el móvil desde la cama. Cinco sesiones: dos de sesenta, una de noventa, dos de treinta. La de las 17:00 entró anoche a las 23:40, en inglés, desde la web: ella ya dormía y el móvil le sonó una vez. Entre cada sesión hay un hueco de diez minutos que ella no ha puesto a mano: lo pone el servicio.

    El día en una sola columna, con los diez minutos de margen entre sesiones que la agenda deja sola. La de las 17:00 lleva la marca de haber entrado por la web.
  2. Una reserva desde la bio

    Mientras friega la taza, le suena el móvil: una clienta nueva del barrio ha pulsado el enlace de Instagram y ha cogido sesenta minutos para el sábado. Ha visto el precio al elegir, ha visto solo las horas que quedaban libres de verdad y ha dejado su nombre y su teléfono. El WhatsApp de confirmación le ha llegado a la clienta antes que a Iryna el aviso.

    Las horas que la web ofrece para una sesión de sesenta minutos: ya descuentan la sesión anterior y su margen, así que no aparece ninguna que pise otra.
  3. La primera sesión, y la web en ruso

    Olga lleva viniendo un año. Reservó desde su móvil, que está en ruso, y vio la página de Iryna en ruso: los servicios, los minutos, los precios y el botón de reservar. Iryna no tradujo nada: encendió el idioma en «Idiomas» el primer día. La confirmación y el recordatorio de ayer le llegaron a Olga en ruso, y Olga no preguntó qué ponía.

    La misma web de Iryna vista desde un móvil en ruso: la carta, los precios y el botón, en el idioma del cliente y sin que ella haya tocado nada.
  4. Diez minutos que no son de nadie

    Olga sale a las 10:30. La siguiente entra a las 10:40. Iryna ventila, cambia las sábanas, se lava las manos y bebe agua. No ha mirado el móvil para saber si le daba tiempo: le daba, porque la sesión de sesenta minutos tiene diez de «Tiempo entre citas» y la web no ofrece las 10:30 a nadie.

    El margen se pone una vez, en «Servicios». Para cambiarlo en todas las sesiones a la vez se pone en el negocio y se deja vacío en cada servicio.

  5. La del bono

    Carmen compró en septiembre un bono de cinco sesiones de sesenta y lo pagó entero ese día. Hoy es la tercera. Al acabar, Iryna abre «Por cerrar», pulsa «Cobrar» y marca «Usar bono». Una sesión menos, nada que cobrar, y en la ficha de Carmen pone que le quedan dos. Carmen pregunta cuántas le quedan y Iryna se lo dice sin contar.

    La pantalla de cobrar con «Usar bono» marcado: el importe queda a cero y el bono baja una sesión. Debajo, los otros medios de pago por si la clienta no tuviera bono.
  6. La comida, y el curso de los martes

    De 13:15 a 15:00 la agenda está gris: es el tramo de comida de su horario, el segundo tramo que marcó en «Horarios» el primer día. Los martes por la tarde también está gris, pero eso no lo puso ella: está en su Google Calendar, donde apuntó el curso de drenaje linfático, y como lo conectó, lo que hay ahí bloquea la agenda solo. Si el curso cambia de día, el bloqueo cambia con él. Hoy come con el móvil boca abajo: si entra una reserva, sonará, y si no entra, no hay nada que mirar.

  7. El cliente nuevo que ya ha pagado

    Un hombre que no había venido nunca reservó el de noventa minutos el lunes. Iryna tiene puesto que el de noventa se paga entero al reservar: 70 € con tarjeta, a su cuenta de Stripe, antes de que ella supiera que existía. Abre la cita para ver su nombre y su teléfono, y arriba pone que está pagada. Si no hubiera venido, el dinero se habría quedado con ella.

    La ficha de la cita: el servicio con sus minutos, el teléfono del cliente y, arriba, la marca de que la sesión ya está pagada por la web.
  8. Un mensaje que no tiene que contestar

    A Olga, la de las 9:30, le salió ayer el recordatorio en ruso con dos botones: cambiar o anular. Hoy lo usa otro: el británico de mañana a las 11:00 pulsa «Cambiar» y se pasa al viernes. Las 11:00 de mañana quedan libres y trimly manda un WhatsApp a la mujer que esta mañana pidió que la avisaran si se abría un hueco. Iryna no ha escrito nada: en «Mensajes a clientes» decidió el primer día qué sale solo, y desde entonces sale.

    «Mensajes a clientes»: un interruptor por cada mensaje que sale solo, confirmación, recordatorio, aviso de hueco y petición de reseña, con lo que cuesta cada uno en créditos.
  9. Cerrar la caja

    La última sale a las 19:20. «Por cerrar» tiene dos visitas sin cobrar: la de las 18:00 paga con Bizum, la de las 18:40 con tarjeta. La de las 16:00 ya estaba cobrada y la de las 12:00 fue con bono. Antes de cerrar, la de las 18:40 quiere volver dentro de tres semanas: Iryna le pone la cita desde la agenda antes de que salga por la puerta, con «Avisar al cliente» marcado, y el WhatsApp de confirmación le llega en el ascensor. «Caja de hoy» dice lo que ha entrado y por dónde, y Iryna no suma nada en la cabeza de camino a casa.

  10. El mes, en el sofá

    Los jueves abre «Rendimiento». Reservado contra cobrado, la ocupación de la sala por semana, de dónde han venido las reservas: la mitad de los nuevos de este mes han llegado desde Google, no desde Instagram, y eso cambia dónde pone el enlace. Abajo, tres clientes que solían venir cada tres semanas y llevan cinco sin aparecer. A uno le escribe ella, con sus palabras.

    «Rendimiento»: Reservado frente a Cobrado, la ocupación de la semana y la lista de clientes habituales que llevan más tiempo del normal sin venir.

Y el resto de la semana

El sábado es el día de los británicos y de las señales: los de noventa pagan al reservar, así que un plantón cuesta lo que cuesta y no una hora en blanco. Los lunes mira los que llevan tiempo sin venir y escribe a dos o tres. Una vez al mes vende un bono o dos en el mostrador, y cuando el saldo de WhatsApp avisa compra el pack de 100 por 7,99 €: con cinco sesiones al día y dos mensajes por sesión, le dura unas dos semanas. No paga cuota: trabaja por su cuenta, y el plan es gratis y no caduca.

Tu sala, tu agenda, tus idiomas

En diez minutos tienes la web con tus sesiones, y el primer cliente puede reservar esta misma noche en el idioma que le dé la gana.

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